El Arte de Chingarle: Transforma Instintos en Hábitos.
- Miguel Quijano
- 22 ago 2024
- 8 Min. de lectura

¡Qué tranza, raza! Hace tiempo que quiero hablar de este tema, y no, no vengo a tirar rollo como si fuera un gurú con la solución mágica a todos tus broncas. Esto es más bien la perspectiva de alguien que, como muchos, batalla con el autocontrol, que es débil, amante del placer, pero que ha leído, experimentado y hecho lo suficiente como para empezar a notar algunos cambios
U vs U
Los placeres baratos son tu peor enemigo. Y no, no solo habló para los emprendedores y empresarios (aunque a nosotros nos pega mas cabron), sino para cualquiera que tenga un objetivo y quiera saborear las mieles del éxito. Ya sea un boxeador que quiere llegar a pro, un corredor entrenando para su primer maratón, o un artista que quiere romperla.
El placer barato es el único muro entre tú y tus sueños.
¿A qué me refiero? Vamos a ponernos científicos un ratito: ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué, como humanos, estamos obsesionados con ser los más chingones, con destacarnos, con lograr nuestras metas, con escalar montañas o ganar peleas? ¿Qué nos empuja a desear, a querer cambiar nuestro entorno para mejor?
Y antes de que pienses que me voy a poner filosófico, relájate, no va por ahí. Nuestro cuerpo, después de miles de años de evolución, ha desarrollado una serie de químicos que son esenciales para nuestro cerebro, y que nos han permitido ser la especie dominante en este planeta. Ahí está la dopamina, ese químico que no solo deseamos, sino que necesitamos.
En épocas pasadas, obtenerla no era fácil; había que cazar, comer calorías, buscar azúcar, sobrevivir. Nos encanta el sexo porque, bueno, queremos asegurarnos de que la especie continue. Y la adrenalina… esa nos ayudaba a cazar o a no ser cazados. Así fue como sobrevivimos durante siglos.
Pero en 2024, todo ha cambiado... menos nuestros instintos y esa eterna necesidad de dopamina. Hoy, ya no necesitamos caminar kilómetros en busca de comida; basta con sacar el teléfono y pedir lo que se nos antoje. Luego, sin mucho esfuerzo, podemos darnos un clavado y ver nopor. ¿Para qué salir a conocer a alguien si ya obtuviste las endorfinas que te empujarían a intentarlo? Y ya que estamos en eso, ¿por qué no comprar unos cigarros con nicotina (todo lo que termina en “ina” es primo de la endorfina)? Todo esto, en la CDMX, te cuesta menos de 500 pesos, y listo, tu cuerpo estará satisfecho por un día. Y así pasan una semana, un mes y un año… relax, ¿no?
Desperdiciando el tiempo btw unico recurso que no puedes obtener viendo una serie completa, scrolleando durante horas, pensando que estás socializando, cuando en realidad solo has estado viendo una pantalla.
Esto me recuerda una historia reciente que me llamó la atención. Una tribu aislada en el Amazonas se conectó a internet gracias a los satélites de Elon Musk. Al principio, fue como magia; salvaron vidas en emergencias, mejoraron la comunicación y revolucionaron el acceso a la información. Pero, como era de esperarse, no todo es tan bonito. Los jóvenes Marubo, que ahora tienen acceso al mundo exterior, se han enganchado con videojuegos violentos, pornografía y redes sociales. Los líderes tribales están preocupados, y con razón: los jóvenes están dejando atrás sus tradiciones, como la fabricación de tintes y joyas, por hábitos importados.
¿Entonces la tecnología es mala? ¡Para nada, raza! Es lo mejor que nos ha pasado y probablemente lo único que nos salvará como especie. Quiero dejarlo clarísimo: no soy un hater de la tecnología. La amo, la estudio, estoy obsesionado con ella. Pero también sé que es un arma de doble filo. Como cualquier herramienta, depende de quién la use para decidir si es buena o mala. Para un taquero, un cuchillo es una extensión de su arte; para un malandro, es un arma letal. Todo depende de nosotros y de cómo la manejemos.
¿Entonces, el Guasón de esta historia es el placer? Tampoco vengo a venderte un mood cristiano diciéndote que dejes tus placeres o tus vicios. La neta, la vida se trata de ser feliz, y si algo te da felicidad, ¡pues date! Pero como decía mi abuelo, "no hay placer en el abuso."
Entonces, ¿qué es lo que realmente no te deja alcanzar tus metas?
Aquí entran los placeres baratos: esos que te ofrecen satisfacción a corto plazo y, como todo lo barato, así como tu iPhone que compraste en Temu, solo duran unos minutos, unas horas... ni siquiera un día entero.
Como algunos ya saben (y si no, ahora lo saben), soy boxeador y viajó un chingo. A veces, cuando viajo, no como bien ni hago ejercicio (estoy trabajando en cambiarlo) y hay algo que siempre me sorprende: cuando estoy a dieta, entrenando y dándolo todo, bajo dos kilos en un mes. Pero si paso un mes comiendo SHIT, porque no hay otra forma de decirlo, subo cuatro kilos. Y esto me recuerda mucho a un ad en ig que me salía seguido donde decía: “ Si pierdes el 50% de tu dinero, necesitas ganar el 100% para volver a donde estabas.
¿Me siguen? Lo bueno cuesta, y no solo me refiero a dinero, aunque también cuesta lana. Hablo de tiempo, dedicación, esfuerzo, y que quede claro NO verás resultados inmediatos. Jamás serán rápidos; es todo un proceso. Puedes derribar un edificio en minutos con dinamita, pero construirlo toma años… todo lo bueno lleva su tiempo.
Y ahí está el pedo: nuestro cerebro puede soñar en grande, decir "quiero estar bien chuletón para gustarle a las ladies", pero nuestro cuerpo, como la bestia que es, solo quiere dopamina y placer barato. Como azúcares y calorías y es difícil resistirse cuando pasas por cualquier tienda o mall con esos anuncios llenos de comida deliciosa. Nuestro cuerpo se guía por instintos, hace lo que necesita para sobrevivir. Y esa palabra me encanta: INSTINTO. Recuerden, somos animales, raza (y si como humano te sientes superior a un animal, CHTM). Nos movemos por instintos, por un código genético que determina lo que te gusta, lo que quieres y lo que haces.
Pero, ¿estamos condenados a valer queso y ser esclavos de nuestra especie? ¡Por su pollo que no! Somos humanos, creadores de tecnología, de arte, de placeres que nuestros antepasados ni en sus sueños más locos habrían imaginado. Hemos creado motores, chips, IA, internet... ¡Somos CREADORES, somos unas meras PISTOLAS! Pero, ¿cómo lo hemos hecho, o mejor dicho, cómo algunas personas han logrado crear cosas tan chingonas?
Voy a regresar a una palabra clave que mencioné hace rato: Instintos. ¿Pero qué son los instintos? Básicamente, son reacciones que tenemos porque nosotros o nuestros antepasados las hemos vivido miles de veces y nuestro cuerpo ha aprendido cómo reaccionar. Algunos ejemplos:
El instinto de la tribu social: Cada vez que te sientes atraído a juntarte con amigos o salir de fiesta, es tu instinto social en acción. Desde tiempos ancestrales, formar parte de una tribu significaba seguridad y apoyo mutuo. Hoy, eso se traduce en mantener tu círculo social fuerte, aunque implique perder horas de sueño para no perderte la reunión del fin de semana.
El instinto del conquistador digital: Cada vez que te animas a deslizar a la derecha en una app de ligue, estás activando el mismo instinto que tenían nuestros antepasados cuando exploraban nuevas tierras. Tu cerebro te dice: "Hay que mantener viva la especie” solo que en lugar de lanzarte al océano en busca de nuevas tierras, estás navegando en un mar de perfiles, esperando encontrar a tu próxima conquista.
Entonces, si un instinto es algo que compartimos todos los seres humanos, ¿cómo puedes cambiar tu mundo? La clave está en los hábitos. Los hábitos son como instintos en miniatura que le has enseñado a tu cuerpo a lo largo del tiempo. Si cada día, cuando suena la alarma, te levantas y empiezas a hacer tus actividades, con los años tu cuerpo asociará ese sonido con "¡Levántate, huevón, que hay que chingarle!". Lo mismo pasa con las pequeñas cosas. Por ejemplo, en mi caso con el cigarro, he fumado tanto tiempo que tengo cigarros especiales para ciertos momentos, como cuando estoy a punto de hacer un “cake”. Créeme, cuando llega la hora, mi cuerpo me pide ese cigarro a gritos. Y así, si te observas bien, verás que tienes conductas y hábitos que te definen.
Otra frase que me encanta es: “Eres lo que haces, no lo que piensas o lo que dices. ERES tus acciones.” Con el tiempo, esas acciones y decisiones se convierten en hábitos. Y no necesitas ser “científico nuclear” para saber que ciertos hábitos te llevarán a un lugar específico. Si quieres estar mamado, pero comes mal y no haces ejercicio, serás gordo, punto. Si quieres cerrar un deal, pero no tienes juntas ni llamadas, ¿con quién crees que vas a cerrar esa venta? ¿Con Gasparín?

Piensa en esta analogía que me encanta: soy súper fan de Los Simpson, y hay un capítulo donde Homero construye una máquina del tiempo tratando de arreglar su tostadora. Cada vez que viaja al pasado, cualquier cosita que cambia, por pequeña que sea, altera drásticamente su presente. Pues así es la vida, raza: cada pequeña decisión que tomas afecta a tu yo del futuro.
Como les comenté desde un principio, y por eso todo este rollo, siempre he sido una persona de conductas adictivas. Lo que más me gustaba (Sinceramente me sigue gustando) de esto era el placer, esa sensación (dopamina) de sentirme vivo. Y un día, cuando cerré uno de mis primeros deals, sentí una satisfacción mil veces mejor y sin sentirme como mierda al día siguiente. Y de eso se trata todo el choro que les di.
Tenemos que aprender, raza, y solo lo lograremos con el tiempo y cambiando nuestros hábitos. Se trata de trabajar todos los días, de cambiar el placer a corto plazo por ese placer a largo plazo que viene de domar nuestro cuerpo. Claro, seguir obteniendo dopamina y placer, pero de algo que realmente valga la pena. Algo que pocas personas logran sentir… y sí, me refiero al éxito. Lograr algo que te propusiste, no importa qué sea. El simple hecho de pensar "hace unos años me propuse esta meta, y hoy la estoy logrando", eso es la vida para mí… esa sensación tan, y perdón por la palabra, pero no hay otra mejor en español, tan ¡VERGA!
Creo fielmente que a eso venimos al mundo: a ser felices, cumplir objetivos y sueños. Y para cumplirlos, no debemos enfocarnos solo en el objetivo per se, sino en transformarnos en la persona que podría conseguir esos objetivos. Cambiar nuestros instintos por hábitos que solo nosotros dominamos para ser los más chingones. En resumen, hay que chingarle todos los días para convertirnos en la persona que queremos ser. Los procesos son importantes; si quieres ser el legendario super sayayin, tienes que entrenar todos los días.
Y por último, les recuerdo: no importa cuál sea tu objetivo o sueño, pero este blog está hecho para aquellos que quieren ser un emprendedor o empresario chingón y hacer verdes, billetes, pasta, lana. Y solo hay 4 opciones, o al menos las que yo conozco:
Nacer rico y asesorarte con la gente correcta (Que no es mi caso ni el del 90% de la población).
Ser un cabrón ojete y robar o hacer dinero a costa de los demás (Si eres de esos, por favor, CHTM y deja de seguirme).
¡TRABAJAR! Trabajar un chingo en cantidades de tiempo, esfuerzo e inteligencia que nadie más está dispuesto a poner. La verdad es que tus probabilidades de éxito son mínimas. Somos billones de seres humanos compitiendo entre nosotros (de manera cool, por habilidades). Tienes que sobresalir, esforzarte más que tu competencia. No es solo trabajar como burro; es trabajar de manera inteligente. Y si no lo eres, rodéate de gente que te complemente (como yo, que te puedo dar una consultoría especializada en marketing). Y hablando de inteligencia, por favor, trabaja con AI. Con unos buenos prompts, te darás cuenta de que es como tener al asistente más listo del mundo dándote consejos.
Dar unos mamelucos increíbles (DM si los haces xD).
Pues amigues, eso es todo por hoy. Espero que les guste mi reflexión, mi contenido, y que sigan leyendo este esfuerzo que estoy haciendo con todo el cora para ser parte no solo de su crecimiento como marca, sino también como personas.
¡A darle con todo, raza! ✌️



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